Mi primer beso, lo recuerdo bien, fue robado. Creo entonces que nunca fui inocente, solo torpe.
Recuerdo el cuerpo tierno y delgado de una niña de seis años tendido en la cama. Recuerdo que mi prima dormía como un ángel ese día. Recuerdo que dudé por segundos, pero al acercarme solo pensaba en tomar sus labios.
Recuerdo que la cuidaba como muñequita de cristal cuando se enfermaba, cuando le daba de comer. Que la hice sentarse encima mío y que trataba de moverme sin éxito entre sus pequeñas nalgas.
Recuerdo que un día me correspondió un beso ya olvidado, la odie por habérmelo robado. La odie por tomarlo como juego, la odie porque su juego me había lastimado. Ahora me odio, por aquella vez no haberla besado.
Entrevista en "El Ojo Crítico" de RNE.
Hace 5 años


